A menudo posponemos las cosas importantes esperando el momento perfecto. Nos decimos frases como: «Cuando tenga más confianza, hablaré con mi jefe», «Cuando me sienta motivado, empezaré a hacer ejercicio» o «Cuando no tenga tanta ansiedad, iré a esa reunión social».
Esperamos a que el miedo o la pereza desaparezcan para empezar a actuar. Sin embargo, si dependemos de que nuestra mente «tenga ganas», es muy probable que nos quedemos atrapados en el mismo lugar por mucho tiempo.
En la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) aprendemos que el secreto del cambio no está en la motivación, sino en una palabra clave: la Disposición.
Para entender el rumbo de tu vida, es fundamental separar estos dos conceptos que solemos confundir:
Querer se refiere al resultado final, a lo que nos gusta y nos atrae. Todos queremos tener una relación de pareja sana, un trabajo con mejor sueldo o una vida con menos estrés.
Estar dispuesto se refiere al costo emocional que implica llegar hasta allá. Es responder a la pregunta: ¿Estoy dispuesto a sentir los nervios de una conversación difícil, la incomodidad de poner un límite o el miedo a ser rechazado con tal de avanzar hacia lo que me importa?
Elegir tus valores es como comprar un pasaje para el viaje de tus sueños: viene en un «paquete completo». No puedes tener la playa caribeña sin pasar antes por las filas del aeropuerto, las turbulencias del avión y el cansancio del viaje. En la vida real ocurre lo mismo: las cosas que más nos importan vienen acompañadas de su propia dosis de incomodidad inevitable.
La próxima vez que te encuentres postergando algo valioso para ti porque no te sientes listo o motivado, haz una pausa consciente. Deja a un lado la pregunta: «¿Tengo ganas de hacer esto hoy?» (porque la respuesta de tu mente casi siempre será un «no»).
En su lugar, hazte la verdadera pregunta que desbloquea la acción:
«¿Estoy dispuesto a hacerle espacio a esta incomodidad (aburrimiento, miedo, flojera, ansiedad) con tal de dar un paso hacia lo que realmente me importa?»
La verdadera valentía y la vitalidad no consisten en actuar sin miedo; consisten en notar el miedo y, con total disposición, caminar junto a él.
¿Te cuesta dar el paso hacia lo que te importa?
Si sientes que la falta de motivación o el exceso de malestar te tienen paralizado, no tienes por qué resolverlo a solas. En consulta trabajamos juntos para entrenar tu capacidad de disposición, ayudándote a construir una vida rica y con sentido, incluso cuando la incomodidad toque a tu puerta. Puedes agendar tu sesión aquí.
En nuestros artículos anteriores conversamos sobre la importancia de descubrir tus valores para que funcionen como un faro en tu vida, y sobre cómo aprender a caminar al lado de tus dolores emocionales en lugar de gastar toda tu energía luchando contra ellos. Sin embargo, cuando finalmente decides poner las manos en el volante y avanzar hacia lo que te importa, suele aparecer un obstáculo muy ruidoso y persistente: tu propia mente.
Es en ese preciso momento cuando empiezas a escuchar una radio interna que te dice: «Te va a salir mal», «Mejor hazlo mañana», «¿Para qué te arriesgas si estás bien así?» o «No eres lo suficientemente capaz».
Si te ha pasado, no significa que algo esté mal en ti. Significa que tienes una mente humana funcionando exactamente para lo que fue diseñada. El secreto no está en apagar esa voz, sino en aprender a desarmarla para que no dirija tu vida.
Para entender por qué nuestra mente es tan experta en criticarnos y llenarnos de dudas, debemos viajar miles de años atrás. En la época de las cavernas, los humanos que sobrevivían no eran los más optimistas, sino los más desconfiados; aquellos que veían un peligro detrás de cada arbusto.
Tu mente heredó ese mecanismo. Su trabajo principal es protegerte y mantenerte a salvo en lo conocido (tu zona de confort). Por eso, cuando intentas hacer algo nuevo, alineado con tus valores —como postular a un nuevo trabajo, poner un límite, o abrirte a una nueva relación—, tu mente se asusta. Al interpretar la novedad como un peligro, enciende todas sus alarmas en forma de pensamientos negativos y excusas.
Tu mente no te sabotea porque sea tu enemiga; intenta protegerte, pero lo hace de una manera muy torpe.
Una forma muy liberadora de entender esta dinámica es a través de una de las metáforas más conocidas de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): Imagínate que eres el conductor de un autobús.
Este autobús representa tu vida, y tú has elegido una ruta clara hacia tu norte (tus valores). Sin embargo, a lo largo del viaje, en el autobús van subiendo diferentes pasajeros. Algunos de ellos son ruidosos, de aspecto desagradable y muy intimidantes. Estos pasajeros son tus pensamientos de inseguridad, tus miedos y tu autocrítica.
Mientras conduces, estos pasajeros se acercan a ti y te gritan: «¡Eres un fracaso!», «¡Vas por el camino equivocado!», «¡Si sigues adelante, algo terrible va a pasar!».
Cuando esto ocurre, la mayoría de las personas cometemos el mismo error: detenemos el autobús para discutir con los pasajeros, intentar convencerlos de que se callen o tratar de bajarlos a la fuerza. ¿Qué pasa entonces? El autobús se queda varado, dejas de avanzar y toda tu energía se consume en una pelea eterna dentro del vehículo.
El desafío en la terapia no es echar a los pasajeros (muchas veces no se irán). El verdadero logro es aprender a conducir con el ruido de fondo. Puedes mirarlos por el espejo retrovisor, notar que están gritando, y aun así mantener firmes las manos en el volante, acelerando hacia la vida que quieres construir. Ellos tienen derecho a hacer ruido, pero tú eres quien decide el destino.
Para que no te quedes discutiendo con tus pensamientos en el día a día, puedes practicar estas sencillas técnicas de defusión cognitiva (tomar distancia de tu mente):
Usa el lenguaje a tu favor: Cuando tu mente te diga: «No sirvo para esto», detente un segundo y reformula la frase en tu cabeza diciendo: «Estoy teniendo el pensamiento de que no sirvo para esto». Notas la diferencia? Al agregar ese pequeño filtro, dejas de ser el pensamiento y te conviertes en la persona que lo observa. El pensamiento pierde su categoría de "verdad absoluta" y vuelve a ser solo una frase.
Ponle un nombre a tu mente: Cuando notes que estás atrapado en un bucle de autocrítica, dale una identidad humorística a esa voz. Puedes llamarla "Radio Ansiedad", "Mi sabelotodo interior" o "El comité de expertos". Cuando empiece a hablar, puedes decirte en silencio con una sonrisa: «Ah, ya está aquí Radio Ansiedad transmitiendo en vivo otra vez. Gracias por el reporte, pero igual voy a continuar».
Pregúntate si es útil, no si es verdadero: Discutir con tu mente si un pensamiento negativo es 100% real o no suele ser una trampa. En su lugar, hazte una pregunta mucho más práctica: «Si me creo este pensamiento al pie de la letra, ¿me acerca o me aleja de la vida que quiero llevar?». Si te aleja, déjalo estar ahí como un pasajero ruidoso, pero no le des el control de los pedales.
Tener pensamientos negativos, miedo o dudas es una parte inevitable de ser humanos. No necesitas tener una mente completamente positiva y en calma para empezar a actuar de acuerdo con lo que te importa.
La próxima vez que sientas que tu mente te grita que no puedes, respira profundo, reconoce a ese pasajero incómodo, pon las manos en el volante y sigue adelante.
¿Sientes que los pasajeros han tomado el control de tu autobús?
Es completamente normal cansarse de pelear a solas con nuestra mente. En nuestra consulta psicoterapéutica te acompaño a desarrollar las herramientas necesarias para que aprendas a convivir con tus pensamientos críticos sin permitir que decidan tu rumbo. Si estás listo para recuperar el timón de tu vida, puedes agendar una sesión conmigo.
Cuando acudimos a una consulta psicológica, a menudo lo hacemos con un único objetivo en mente: dejar de sufrir. Queremos eliminar la ansiedad, la profunda tristeza o esos pensamientos intrusivos que no nos dejan en paz. Sin embargo, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) nos propone una mirada diferente y liberadora. A diferencia de las terapias tradicionales centradas en la reducción directa de síntomas, ACT propone que el sufrimiento humano es una parte inevitable de la vida, y que el bienestar surge al cambiar nuestra relación con ese malestar. ¿Cómo logramos este cambio profundo? A través de nuestros valores personales, que constituyen el motor que dirige cada paso de esta terapia.
¿Qué son exactamente los valores?
En este enfoque terapéutico, los valores no son reglas morales estrictas ni metas que puedas tachar de una lista de tareas completadas. Más bien, los valores se entienden como direcciones vitales.
Una metáfora útil es la del faro: los valores son como un faro que, aunque inalcanzable, guía la navegación incluso en medio de la tormenta. Puedes no haber llegado a tu destino, pero si avanzas hacia la luz, estás en el camino correcto.
La diferencia clave entre metas y valores
A veces confundimos los valores con las metas, pero comprender esta distinción tiene importantes implicaciones motivacionales. Una buena metáfora para esta distinción es la de caminar hacia una montaña en el horizonte. Las metas pueden ser los pasos o hitos que se cruzan en el camino, pero el valor es el propio deseo de dirigirse hacia esa montaña.
Si tu meta es, por ejemplo, correr una maratón para conseguir una medalla, puedes desmotivarte rápidamente si te lesionas o no logras el tiempo esperado. En cambio, si el valor subyacente es «superar retos personales», es probable que te mantengas en movimiento y ajustes tu plan incluso ante los fracasos. El valor funciona como un combustible mucho más sostenible que la gratificación inmediata.
¿Por qué son tan importantes para tu bienestar?
La evidencia científica demuestra que la mera clarificación de valores incrementa la motivación intrínseca y reduce la tendencia a huir de las experiencias difíciles. Si estás en medio de una tormenta emocional, los valores funcionan como un remo que te permite avanzar; puede que la tormenta no cese de inmediato, pero dejar de remar te dejaría a la deriva.
En palabras sencillas: lo que más sana no es dejar de sufrir, sino encontrar una razón por la que merezca la pena vivir incluso con el sufrimiento presente. La clarificación de valores es, en esencia, una manera de recuperar el protagonismo en la historia de uno mismo.
Para muchas personas, el objetivo de ir a terapia es "borrar" el dolor. Sin embargo, en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), aprendemos algo revolucionario: el manejo del dolor no consiste en eliminarlo, sino en cambiar nuestra relación con él.
Si sientes que gastas toda tu energía intentando no sufrir, es hora de dejar de luchar contra tus experiencias internas para empezar a centrarte en lo que realmente te importa. Aquí te explicamos las claves para lograrlo.
Es fundamental entender que nos duele aquello que nos importa; por ejemplo, el miedo al rechazo surge porque valoras la conexión social; la tristeza por una pérdida aparece porque valoras el amor. En ACT, decimos que los valores y la vulnerabilidad van siempre de la mano.Aceptar tu dolor es, en parte, honrar lo que es valioso para ti.
Para manejar el malestar, es útil identificar qué parte es inevitable y cuál estamos añadiendo nosotros:
Dolor Limpio: Es el malestar natural de la vida (la tristeza, el miedo o el dolor físico). Es inevitable.
Dolor Sucio: Es el sufrimiento extra que generas cuando intentas controlar, evitar o luchar contra el dolor limpio.
La estrategia es dejar de pelear con el "dolor limpio". Al hacerlo, el "dolor sucio" disminuye, liberando energía que puedes usar para avanzar hacia tus sueños.
Manejar el dolor implica practicar la Disposición: la elección voluntaria de hacer sitio a los sentimientos incómodos sin intentar eliminarlos.
Metáfora de las llaves: Imagina que tu dolor son unas llaves que llevas en el bolsillo. No puedes evitar cargarlas, pero el hecho de que estén ahí no te impide caminar hacia donde tú desees.
Cuando el dolor dice: "No puedo soportarlo", la defusión cognitiva (tomar distancia de tus pensamientos), te ayuda a ver ese mensaje como lo que es: una serie de palabras y procesos mentales, no una verdad absoluta. Al distanciarte de estos pensamientos, pierden el poder de frenar tus acciones.
A veces el dolor es tan intenso que sentimos que "somos" ese dolor. ACT nos propone la metáfora del tablero de ajedrez:
Tus pensamientos y dolores son las piezas que luchan entre sí. Tú eres el tablero. El tablero es el espacio donde ocurre la lucha, pero no se ve dañado por el resultado de la partida. Eres un lugar seguro desde el cual puedes observar el dolor sin ser destruido por él.
El objetivo final es la acción comprometida: seguir adelante con tus planes aunque el dolor esté presente. No esperes a que el malestar desaparezca para empezar a vivir; la verdadera vitalidad surge de involucrarse en la vida hoy mismo.
Recuerda la metáfora de la burbuja: Eres como una burbuja que avanza por un camino. Si aparece una barrera (el dolor), puedes elegir "llevarla dentro" de la burbuja y seguir avanzando hacia lo que amas.
¿Sientes que el dolor ha tomado el mando de tu vida? En nuestra consulta podemos ayudarte a recuperar el timón. La terapia no es para dejar de sentir, sino para aprender a vivir plenamente, incluso con las dificultades a cuestas.